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"El África que habla español. Guinea Ecuatorial"

La revista Debats, de la valenciana Fundación Alfons el Magnanim, publicó nel so númberu 83, del inviernu de 2003, dos artículos sobre los países africanos de fala española. Unu d'ellos sobre la República Árabe Saharaui Democrática y otru sobre Guinea Ecuatorial. L'autor del artículu sobre Guinea ye Juan Tomás Ávila Laurel. Nacíu en Malabo, en 1966, ye escritor. Redactor-xefe de la revista "El Patio" de Malabo, ye conferenciante en delles universidaes norteamericanes y foi acreedor de diversos premios nel so país.

"En 1968, cuando las potencias coloniales se desprendían de sus territorios y España, en un alarde de buena intención, bautizó a su colonia con el nombre de República de Guinea Ecuatorial, cometía con la Historia, con letra grande, una injusticia, pues, adelantándose a los acontecimientos, ponía en mano de unos pocos aquellos territorios que eran de muchos. Pocos años bastaron para que la realidad y la mentalidad de los nuevos ciudadanos se adecuaran y se desvaneciera la etiqueta con que recibió las aguas bautismales. En pocos años la res publica se hizo privada e hizo recordar a todos que durante el traspaso de poderes todavía la madre España no se había sacudido definitivamente el pesado lastre del pasado, de cuando sobre todas las potencialidades del alma y cuerpo españoles proyectaba la larga sombra del personalismo, y paternalismo, franquista, si no son los celos absolutistas de épocas pasadas.
Esta brevísima reseña histórica, aderezada con tintes personales, no por ellos subjetiva, nos servirá para hacer una incursión lo más objetiva posible por la realidad guineoecuatorial, haciendo una disección de los principales soportes que deberían constituir el sostén del ente objeto de este trabajo, Guinea Ecuatorial, y a los que deberían dedicar sus desvelos todos los hombres de ella.
En los albores de la independencia guineana, la sociedad de gentes relacionada con el hecho colonial y su pacífica emancipación, basándose en la interacción de varios elementos favorables, ya auguraba un futuro prometedor al nuevo país. Muy pronto pudo ser etiquetado como "la Suiza de África". Y muy poco tardó para que las expectativas se desvanecieran de manera estrepitosa. Este hecho significa que hubo un error en el análisis de todos los factores cuya interacción hubiera hecho que la "helvetización" del nuevo país se produjera, o que en el mismo se han omitido elementos, de manera deliberada o no. Aunque el juicio de esta omisión la reservamos para otro momento, no dejaremos de recordar que los próceres guineanos a los que les tocó convencer a los emisarios de la comisión de descolonización de la ONU reconocieron que el país cuya independencia defendían contaba con apenas cuatro médicos, unos pocos abogados y algunos maestros. La administración estaba en manos de personas que sólo atesoraban el saber que les permitía el tecleado de las órdenes de sus jefes sobre las quejas de sus nuevos conciudadanos, que hasta hacía poco se conocían como indígenas.
El escaso bagaje intelectual de las gentes de esta peculiar Suiza no fue óbice para que el 12 de octubre de 1968 las gentes de toda Guinea cantaran a una voz el himno para celebrar su independencia:
Caminemos pisando la senda,
de nuestra inmensa felicidad
(...)
Gritemos viva
Libre Guinea
Y defendamos nuestra libertad
Cantemos siempre,
Libre Guinea,
Y conservemos
La independencia nacional
Los versos suprimidos, cantados con inflamado patriotismo, hacen alusión al deseo de no separarnos nunca ni de caer en el inhumano y oprobioso vicio de la discriminación. Y también a los "doscientos años" que sufrimos bajo a férula celtíbera, visigoda y musulmana de una España que seguía siendo Una, Grande y Libre.
Apenas apagados los calores de las fiestas, se descubrió lo que nadie habla dicho ni previsto, o que si se dijo, pero que se encontraba ya archivado en las carpetas de los funcionarios de la comisión de descolonización de la ONU: los nuevos jefes de la Guinea Ecuatorial no pensaban regirse por los métodos aprendidos durante la etapa colonial, ora porque no sabían, ora porque no querían. Además, ya no deseaban saber nada de los versos de su himno que hacían alusión a la no-discriminación entre las diversas etnias del nuevo país. El abrazo de estas nuevas maneras significaba el reparto del poder entre los familiares y personas de la provincia de Macías, antiguo funcionario colonial que accedió al poder de manera un tanto misteriosa. El nepotismo descarado de Macías no sólo fue pernicioso desde su punto de vista moral, sino que en la práctica significaba que a muchas personas se les empezaría a exigir responsabilidades en puestos para los que no se hablan preparado en absoluto. Lo que estamos diciendo es, abusando del pragmatismo, que quizá sobre el nepotismo de Macías, a todas luces condenable, se podría echar arena, y cal, si los beneficiados de las prebendas no fueran unos analfabetos y que para lo que cobraban no sabían ninguna palabra.
Desde aquel reparto de poder, se empezaron a desmoronar los cimientos de lo que iba a ser la envidia de África y en pocos meses todo se vino abajo: la administración dejó de existir y los miles de documentos que podían dar fe de cualquier negocio, de cualquier transacción, de cualquier queja, dejaron de tener valor a los ojos de los miles de iletrados que el nuevo poder puso al alcance de ellos. Es la época en que pedías un trozo de pescado frito y te lo envolvían en un trozo de papel que había sido el único documento que podía dar fe de compraventa de una vivienda o de cualquier inmueble. Todas las oficinas abrieron sus archivos y los documentos se ofertaron al mejor postor. Valiosos documentos que sirvieron para envolver buñuelos, jabones, panes, etc.
La infraestructura sanitaria se destruyó y la escasa experiencia en administrar bienes hizo el resto. El resultado fue que los hospitales se convirtieron en morideros.
Como Macías había instituido el acceso familiar al poder, y de esta forma se hacía innecesaria otro modo de acceso a los puestos de la Administración, se produjo la consagración de la destrucción del sistema educativo. Desde entonces, las escuelas se constituyeron en estorbos que había que eliminar. Toda la etapa independiente de Guinea conoce el encarnizamiento de la población con las escuelas, en una lucha que quizá tenga algún componente psicológico, pues la rotura de ventanas y otro mobiliario de las escuelas no sólo tendría como objetivo limitar el acceso a la educación de las futuras generaciones, y con ello se consagraría el statu quo actual, sino que la ausencia de las escuelas liberaría a los jefes ignorantes de la presión que tuvieran por la anormalidad de su situación y les permitía más tarde justificar su ignorancia. No es descabellada esta teoría, que llamaremos teoría del testigo ausente y a la que más tarde recurriremos.
El resultado de la acción de los nuevos jefes no dio buenos resultados, por lo que no tuvo acogida en la población. Y como no hay freno donde no hay educación, se propuso como meta la aceptación de estos nuevos modos por parte de la población, que, viéndose en peligro, tomó los caminos del exilio.
Al hecho del acceso al poder y al mercado laboral sin la educación y formación mínimas, de por si nefasta, se suma el del poder aleccionador que ejerce en la población el que unos cuantos puedan disponer fácilmente de todas comodidades y hacer alarde de ellas mientras el resto vive en condiciones infrahumanas. Pero el acceso al poder y el disfrute de las comodidades sin la formación mínima debida tiene otro componente moral, pues un nivel de vida así conseguido es ilegal. Este hecho no es óbice para que la riqueza conseguida no se haga ostentación, lo que dará lugar a la impunidad: los abusos de los protegidos de los jefes no se castigan, hecho que determinará, desde los albores mismos de la independencia, la vida social de la Guinea Ecuatorial.
Otra consecuencia del nepotismo, la de más incidencia sobre el devenir del país, es la escasa relación entre los cargos nombrados y las tareas existentes: comparados con otros países de más población y dimensión, Guinea ha tenido en su gobierno más cargos públicos. Pero como consecuencia de lo ya largamente expuesto, no parece que exista ninguna relación entre estos cargos y las tareas de administración del país: la lista de los altos cargos es interminable, pero los aspectos mejorables siguen sin conocer cambios, al contrario, día tras día Ia ruina amenaza con cerrar las puertas de Guinea Ecuatorial como país. Nadie dice nada, nadie se siente aludido. Lo que importa es la relación con el jefe. "Si estoy bien con Dios, no me importan los ángeles", frase que resume este pensamiento, atribuida al actual presidente del Parlamento.
El estar bien con Dios significa que, cuidado este extremo, todo es permitido a los que ostentan cargos en Guinea. Desde abusos, de los que son víctimas los ciudadanos, hasta apropiaciones y expropiaciones, nadie puede frenar a los insaciables funcionarios de este país.
El país descrito arriba es el que heredó el actual presidente Obiang Nguema, tras un recurso violento, pero efímero, a las armas, y tras haber detenido, juzgado y fusilado al primer presidente Macías.
Como el recurso a las armas fue un acto de justicia necesario, todo el mundo creía que Guinea tenía todos los papeles para sacudirse la vergüenza del pasado y restituir la normalidad hasta los limites permitidos por el contexto internacional y las conveniencias económicas de las potencias, que, al fin y al cabo, son las que dictan las normas del negocio internacional. Pero Guinea, salvo cambios formales, no se desmarca del guión de la incompetencia, la corrupción, el subdesarrollo y la impunidad. El país no avanza. Quizá hubiese tenido el presidente una excusa al apelar a la injusticia reinante en el contexto internacional, donde los más ricos imponen sus criterios, en detrimento de los pobres. Además, todavía pesa sobre las estructuras del país la sombra nociva de los once años de Macías, donde se destruyeron los fundamentos heredados de la época colonial. El apaño para acallar las críticas a su gestión era la mención de la crisis económica que se cernía sobre los países en desarrollo. Pero todo subterfugio fue inútil cuando al principio de los noventa se descubrió petróleo en las costas de Bioko y empezaron las primeras exportaciones de crudo. En poco tiempo, los que conocen las cosas empezaron a hablar de cifras y por segunda vez planeó sobre la Guinea la amenaza, positiva, de helvetización. La ingente cantidad de dinero que genera el petróleo, dividido entre los habitantes, sería suficiente para que cada familia tenga una casa digna, compre en el mercado lo que quisiera, escolarice a todos los hijos y viva sin sobresaltos médicos porque ni la calle, ni las aguas, ni la basura ni los transportes públicos son una amenaza para su salud... Y que sobre esto, si quisiera, añadiera elementos no indispensables para la vida, como coches, televisores, teléfonos y, como el apetito del hombre es insaciable, completara la lista con barcos de recreo, antenas parabólicas, coches de lujo y vacaciones en cualquier paraje paradisíaco de estos sin recurrir a las bochornosas colas en los consulados de los países ricos. Es de justicia reconocer que Guinea tiene, además, lugares agraciados por la naturaleza.
El cuadro que acabamos de describir todavía es un sueño para la mayoría de los guineanos. En Guinea, el analfabetismo es general y las infraestructuras siguen deshechas. El estado de las escuelas sigue siendo de pena y el sistema sanitario descansa en manos de unos desaprensivos que sólo buscan el lucro personal, con el añadido de que las instalaciones médicas claman al cielo. Ante este hecho, los organismos internacionales y los países que pueden ejercer presión se preguntan si es lícito que se mantenga este estado de cosas. Y la simple lectura de los informes anuales de los organismos de desarrollo constituye tal amenaza para la clase gobernante que, para atajar las criticas sobre su desastrosa gestión, mandó, a mediados del año 2002, proceder al censo de todos los guineanos, con la consigna de que el resultado justifique la leonina repartición de los recursos del país, donde unos pocos, los de su entorno geográfico, tienen para gastos lujosos, mientras que el resto sigue en la indigencia. Y los resultados fueron de la justa medida de los deseos del pequeño dictador, pues como por ensalmo, los guineanos se contaron en un millón de almas, mientras ni las expectativas más optimistas daban una proyección de 600 mil. De esa manera, Obiang pensaba abortar de una vez por todas la amenaza de helvetizacion que planeaba sobre Guinea.
Al asombro sobre la situación del país, se suma el desconcierto que produce en el observador externo el alto consumo entre la masa de trabajadores de las empresas petroleras y otras relacionadas con el sector de productos que no son de estricta necesidad, como aparatos electrónicos, electrodomésticos, teléfonos móviles, etc., sentimientos que se acentúan al constatar que los usufructuarios de tan onerosos bienes todavía viven en míseros e infectos cuchitriles y que, en conjunto, sus casas recuerdan las chabolas de las afueras de todas las urbes del mundo en desarrollo.
Hasta ahora, el mundo desarrollado ha creído que el abandono del monopolio del poder guineano, del que son tan devotos los líderes africanos, permitiría el abordaje público de los problemas y, corno ocurrió en otros países, se elegirían las mejores soluciones a los problernas nacionales. Es la idea que alentó la formación de partidos políticos, sostiene el recurso democrático corno primera solución y presiona al régimen del general Obiang para que haga un hueco a la democracia en su agenda de perpetuarse en el poder. En los primeros años de esa presión, el régimen tembló y buscó por todos los métodos alivio a este nuevo mal y conjuro para lo venidero. Algunas cabezas de los opositores más prometedores rodaron, hecho que amenazó la paz, pues se veía que el régimen recurriría a las armas si era necesario. Y con ello se despertaba el fantasma de la peor época de Macías, en la que el miedo a una reacción popular para sacudirse la opresión atenazaba tanto al poder reinante que el país vivía un estado constante de excepción, en que los militares se hicieron omnipresentes en toda la república. Concomitante con la actitud represiva, el régimen puso prosa al asunto reclamando para su país una democracia "auténticamente a la ecuatoguineana". La antigüedad del término, democracia, no fue óbice para que la clase política la quisiera entroncar con sus inhumanas apetencias miles de años después, y desde su paraje africano. Además, nadie acertaba a descifrar lo que pretendía. Fue más tarde, años más tarde, cuando comprendimos lo que reclamaba: en un país de las características demográficas y sociales descritas, y en la que sólo existe actividad pública en las dos ciudades principales, Malabo, la capital, en la isla de Bioko, y Bata, en la parte continental, hay 14 partidos políticos, en algunos de los cuales sólo se conocen los miembros de la directiva, todos de la misma familia. Ante las innumerables dificultades impuestas por la clase política, los partidos optaron por aceptar las abusivas condiciones del partido en el poder, el pomposamente llamado Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (P.D.G.E), que dirige el general Obiang Nguema, y se convirtieron en pregoneros de su política "realista". Hoy, de los catorce partidos, trece de ellos tienen a sus principales líderes en el Gobierno y, como dijo uno de ellos, "ya comen en la cocina de Obiang". El único partido que ha rechazado siempre la oferta del PDGE de entrar en el Gobierno, la Convergencia para la Democracia Social (CPDS), ha conocido innumerables dificultades, tantas para que su secretario general haya pasado once meses en la infame prisión de Blay Beach, privado injustamente de todas las comodidades. Esto era lo que quería decir Obiang con eso de una democracia auténticamente a la ecuatoguineana, una democracia en la que los líderes de los partidos de la oposición se suman a la alabanza de los logros del partido en el poder, y durante la campaña acompañan al presidente del partido rival, al que apoyan pidiendo al pueblo votos. Esta democracia, como se ve, no puede ser más auténtica. Eso si, auténticamente a la ecuatoguineana.
Ahora bien, expuestas las líneas medulares de la situación del país, cabe preguntar por las razones que sostienen este estado de cosas. ¿Cómo puede justificarse el estado de cosas de Guinea Ecuatorial? ¿Cómo un país del que todo está sin hacer y en el que ya no faltan los recursos monetarios puede todavía mantenerse en esa postración? ¿Cuál es la razón por la que los medios financieros no se destinan a mejorar el país?
La discusión de estas interrogantes debe hacerse teniendo en cuenta muchos factores, pues creemos que son muchos los que inciden en el estado de cosas de la realidad guineoecuatorial. La cortedad de nuestros medios nos impiden embarcarnos en la ingente tarea de señalar las relaciones existentes entre las bases teóricas que sostienen el estado de esta postración y el sentimiento de la misma en la población. Pero expondremos nuestro punto de vista tocando un aspecto que someramente habíamos abordado en un trabajo anterior.
Como ser histórico que es, el hombre no puede sustraerse al paso de la Historia, que definimos, para relacionarla con el terna que nos ocupa, como una sucesión ordenada de acontecimientos que imprimen su huella en forma de estímulos nuevos en los individuos, estímulos que, para imprimir un aspecto positivo al paso del tiempo, deben servir para mejorar la vida, que siempre tiene aspectos mejorables.
Si aplicamos estos conceptos a la realidad guineana, deberemos definir el espacio de tiempo que interesa acotar para ver lo que supuso la impronta de la acción colonial de España en los nativos. Este tiempo, que fue corto, no aporta muchos detalles que permitan creer en la viabilidad de una comunidad regida en su integridad por los nativos guineanos, los indígenas, pues la acción colonial española, y eso no se dice con ningún prejuicio personal, no contemplaba la posibilidad de preparar al nativo para ocuparse de los asuntos de los que se ocupaban las autoridades coloniales. La alusión a los prejuicios la hacemos para aclarar que cualquier potencia que invade un territorio y lo declara suyo no tiene como meta proporcionar educación a los nativos, sino de servirse de su fuerza para beneficiarse económicamente y, como fruto de ello, aumentar sus dominios territoriales, legitimando dicha invasión precisamente en el aparente hecho de que la población nativa atesora menos recursos cognoscitivos.
En la discusión de este asunto, la Historia aporta testimonios harto elocuentes de la separación que existía entre la clase colonial y los nativos, separación sobre la que se añade más protagonismo al reconocer que la comunidad indígena no tenía experiencia en el desenvolvimiento social propio de comunidades más desarrolladas, como pueblos o ciudades. Los planes de formación diseñados para los indígena tampoco estaban diseñados para hacerlos iguales a los colonos, sino que se dirigían a realzar las aptitudes manuales o mecánicas de los primeros, pues se suponía que su capacidad mental no daba para más.
La rápida sucesión de los acontecimientos permitieron que personas formadas para contar sacos de cacao, o para ejercer de capataces, se convirtieran, de la noche a la mañana, en jefes de ejércitos y en presidentes de parlamentos, cuando en los países de los colonizadores a estos puestos se acceden tras varios años de formación y tras otros años de preparación al lado de personas que llevan muchos años en los mismos. Y aquí retomamos el asunto de la escasa actividad de los organismos públicos de Guinea, tan escasa que no parece que su creación se debió a la identificación de una necesidad. Con Macías empezó: una vez instalado en el poder, y no teniendo experiencia ninguna en el gobierno, pues había formado parte de un gobierno autónomo que lo era sólo nominalmente, mandó a uno de los funcionarios de la antigua administración que se lo diseñara, instituyendo los cargos públicos hasta un número que expresamente había dado. Al funcionario contratado, que tendría experiencia de otros países africanos en el que el traspaso del poder se hizo de manera similar, le parecieron humildes las pretensiones de Macías, confesión que hizo en una revista que se publica en estas fechas en Guinea. Pero esta humildad, conformándose con pocos altos cargos, no fue óbice para que se ocupara nadie de la gestión de los asuntos nacionales y en los once años que duró su mandato sólo había actividad en el Ejército, para mantener al pueblo lejos de las tentaciones de atentar con la vida del Único Milagro de Guinea Ecuatorial. Macías, por no serle útil, abandonó todos los palacios y se instaló en su poblado natal, en el bosque metido. En aquel tiempo, la alusión a los ministros sólo se hacían cuando tomaban parte en actos de alabanza pública al presidente.
Su sucesor es menos humilde y no se conforma con una docena de ministerios. Es un hombre ambicioso, y generoso, y en su último gobierno, formado tras unas elecciones descaradamente fraudulentas, se ha querido rodear de al menos una cuarentena de altos cargos, de los que las tareas encomendadas sólo están en el papel. Las otras instituciones cuyos cargos también fueron elegidos tampoco se acuerdan de para qué fueron elegidos. Por su ejemplaridad y descaro, citaremos dos instituciones que en la Guinea de hoy podría citarse como prueba de lo meramente formal que son todas las instituciones públicas: el Parlamento y los ayuntamientos.
El Parlamento guineano, llamado por el entorno del poder como "Parlamento multicolor", por la aceptación de políticos de la oposición de la cocina de escaños regalados por el PDGE en elecciones fraudulentas, está compuesto de 80 escaños, 5 de los cuales están ocupados por esa oposición domesticada. Como quiera que una acción legislativa seria se enfrentaría a los abusos del poder ejecutivo, y que en este tipo de régimen nadie cuestiona lo que se hace desde el Palacio, los diputados, la mayoría de los cuales es analfabeta y tienen unas comodidades envidiables, se reúnen de vez en vez en unas sesiones del parlamento y en una cosa que llaman comisión de quejas y peticiones, se convierten en jueces y resuelven asuntos de derecho común, algunos tan rocambolescos como separación de matrimonios o reclamación de deudas. Lo insólito de los casos que tratan no es óbice para que lo hagan en la intimidad del hemiciclo, sino con ¡la presencia de la televisión! Y no seria descabellado pensar que si el Parlamento se dedica a los casos de derecho común es porque los tribunales no se dedican a su trabajo. Pero los casos no se quedan sin resolver, pues todos los guineanos sabemos que en las comisarías se discuten casos que se deberían remitir a los jueces, pero que los policías resuelven y sancionan sin importar a nadie que si no se formaron para ser policías, mucho menos para ejercer de letrados. Los altos mando del Ejército también imparten justicia, pero con independencia de la justicia legal y la del Parlamento.
Estos casos en que las instituciones no se dedican a los asuntos para los que fueron creados no por insólitos son desconocidos por las altas esferas del poder. La demostración de este descaro ocurre en las ciudades de Malabo y Bata. En las últimas elecciones municipales, el PDGE "arrasó" y colocó a sus candidatos en los respectivos ayuntamientos de ambas ciudades. Pero tanto el partido en el poder como el Gobierno saben que los candidatos han sido agraciados por el presidente, como ocurre con todos los cargos del país, en esa dinámica por premiar lealtades con cargos públicos, sin importarle nadie que los agraciados carezcan de aptitudes para ejercerlos. Los altos estamentos del poder guineano saben que los cargos no tienen ninguna relación con ninguna tarea; todo el mundo lo sabe. Los maestros, los médicos, los parados, los funcionarios en general, todos. Por eso, en vísperas de acontecimientos importantes de la vida nacional, como fiestas o cumbres internacionales, o cuando la basura de las ciudades de Malabo y Bata amenaza con paralizar el tráfico de las calles, las autoridades no refuerzan la actividad del ayuntamiento en la limpieza de la ciudad, no. Tampoco se discute la idoneidad del alcalde ni se cuestiona su eficacia. Lo que hace el Gobierno, cosa que ya va siendo una tradición nacional, es repartir las calles entre los ministros del Gobierno, quienes, ayudados por los funcionarios de sus respectivos ministerios, se encargan de su adecentamiento, corriendo a su cargo la provisión del material necesario. No es raro ver en la calle de Malabo a un maestro, armado de su escoba, embarcado en la tarea de ayudarle al alcalde a mantener su cargo. Como en otros países, el señor alcalde está asistido de sus tenientes y sus concejales. Y todos ellos fueron elegidos por su lealtad al jefe, que es lo que más importa.
Este apartado, el de los ministros-alcaldes, que es un escándalo más, dentro del perpetuo escándalo en que se mueven las instituciones guineanas, es harto ilustrativo del porqué de los constantes fraudes electorales: el Presidente podría declararse vitalicio y no someterse jamás a votaciones, ni teniendo la seguridad de mayorías "abrumadoras". Pero tiene que renovar constantemente su círculo de lealtades premiándolo con cargos. Por eso, las elecciones son transparentes cuando ganan sus candidatos. El objetivo de las elecciones no es el ejercicio de la voluntad popular, sino la provisión de nuevos cargos para los leales al jefe.
Si a la oposición le hubiera tocado una alcaldía y la hubiese gestionado con solvencia, seguro que hubiera encontrado una dura oposición del PDGE. Eso, que es una suposición, ya ocurrió con la CPDS, que tuvo que abandonar los escaños del ayuntamiento de Malabo. Es el uso de la psicología del testigo ausente: "si no puedo o no quiero hacer algo, que mi enemigo no lo haga, y así no me llaman torpe y le alaban a él".
La desidia con que se trata en Guinea los temas comunes a veces es tan voluntaria que roza lo desesperante. Pero es una desidia tan calculada que podríamos hablar de una desidia voluntaria. Es posible que desvariemos hablando de esto, pero nuestra rabia no tiene contención. Estamos hablando de la gestión cultural. Existe en Guinea un Ministerio de Información, Turismo y Cultura, y en él hay tres altos cargos con derecho a asiento en el Consejo de Ministros: el Ministro de Estado, el Ministro delegado, y el Secretario de Estado de Prensa, Radio y Televisión. En realidad, la prensa apenas existe y la radio y la televisión son el espejo del país. Esta citación que hacemos es meramente testimonial. La mención de este ministerio es para hablar de un tema penoso. Y es que fue en el antiguo instituto de bachillerato donde, a principios de los 80, se instaló el Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo, creado para fortalecer los vínculos culturales entre España y Guinea Ecuatorial. Evidentemente, a Guinea le favorecía más, por sus particularidades geográficas, políticas y económicas. En el citado centro, se hallaba la Biblioteca Nacional, institución heredada de la época colonial, con fondos antiguos y otros donados por la Agencia Española de Cooperación Internacional. Para hacer justicia a su denominación, el centro estaba regido por un patronato compuesto por personas de ambas partes, hasta que en uno de los enrarecimientos de las relaciones hispano-guineanas la parte española rescindió el contrato de codirección y se desprendió de la guineana, que hasta entonces había sido meramente testimonial. Desde entonces, los sucesivos ministros de Información han estado reclamando el edificio, sin importarles que era en el centro donde muchos guineanos vieron una obra de teatro por primera vez, por citar un ejemplo, y que era el lugar donde estaba situada la única biblioteca del país. Que era donde se publicaba un libro en muchos años. Que era, en definitiva, el centro que dinamizaba la vida cultural de Malabo. No tuvieron en cuenta ni estas ni otras razones y fue tanta su insistencia que el Gobierno de España cedió y entregó el edificio, tras construir en Malabo el Centro Cultural Español. Para que el edificio se dedicara a actividades culturales, los responsables de la Cooperación Española dejaron intacta la biblioteca, a la que enriquecieron con nuevos títulos. Se hizo la entrega del edificio y nuestra sorpresa fue grande cuando, muchos meses después, descubrimos que nadie había acertado a qué destinar el edificio y, lo peor, seguían abandonados, al albur del polvo, la polilla y de los vendedores de papeles para envolver, los miles de ejemplares que a los guineanos les hace tanta falta. Los tres altos cargos siguen apareciendo por radio y televisión y en su cara no hay sombra de pena.
El día 11 de octubre de 2003, a pocas horas para que suenen las salvas por el 35 aniversario de la independencia nacional, la selección de fútbol de Guinea se enfrentaba a la de Togo y ganó el partido. Por la mínima... Eliminatorias del próximo Mundial. Hace muchísimo años que no gana esta selección a ninguna, tanto tiempo que no recordamos que este hecho haya tenido lugar. Ni hemos visto a nadie que haya vivido una victoria de la Selección Guineana de Fútbol. Como para practicar el fútbol se necesitan como mínimo los balones y el campo, podemos decir que no gana porque en Guinea no hay tierras para pegarle al balón, ni francos CFAS para unos balones Nike cosidos por niños tercermundistas. Pero Guinea ganó. Como es algo que nunca hemos vivido, y no se produce cada año, vale la pena celebrarlo. Todos somos amantes del fútbol, y buenos patriotas (aquí se dice nacionalista). Pero no vamos a celebrar la victoria de Guinea. ¡Era lo que nos faltaba! Porque tras quedarse sin voz mientras nuestros hermanos chapotean en los charcos y luchan en los barrizales para desbordar a los defensas contrarios, al pitido final seguirá una procesión de miles de nacionalistas que elevarán el puño para celebrar la victoria, y en su alocado recorrido por las calles no se darán cuenta de que pisan aguas fecales de tubos rotos en vías urbanas. Como no hay agua en las casas, el sudor producido se irá a lavar a los ríos próximos y la euforia de la histórica victoria no les permitirá ver la sinrazón de dejar la casa a estas horas para bañarse en el río, cuando este país tiene seis meses de lluvias y tenemos petróleo. Era lo que nos faltaba, pues los miles de analfabetos que no habían encontrado ninguna razón para alabar la acción del Presidente dirán ahora que ha encontrado la horma del zapato. El ministro de Deporte, que ni practicó deporte ni tiene estudios, paseará su éxito por el país y defenderá otra vez la política realista de... Nadie dirá luego que los campos de fútbol no pueden ser como son los de Guinea ni que los espectadores no se merecen estas calles. Este país.
Estas particularidades, de las que hemos hablado en varios trabajos, no son desconocidas por los guineanos. Los guineanos saben que sus hijos no tienen escuelas; saben que las salas de los hospitales son un foco de infección. Saben que el alcalde es un "enchufao", e incluso saben que es un yerno. Todo el mundo sabe que a veces los ministros ejercen de alcalde, o, al menos, de teniente de alcalde. Los guineanos saben que en la comisaría de policía se multa y se juzga por crímenes de derecho común. Los guineanos disfrutan con las sesiones parlamentarias y saben que por cualquier bagatela pueden presentar una denuncia en el Parlamento y ser escuchados por su Presidente. Pero para mucha gente, muchísima gente, esto es normal. A los que abordan el problema guineano desde otras realidades les chocan ciertas afirmaciones, y como a veces atesoran más títulos, expresan sus reticencias a ellas. Y buscan justificaciones. Lo normal, arguyen, es que estas personas se callan porque defienden su vida, pues no en vano viven una dictadura. Es posible. Pero lo que no logran decirnos es la razón por la que se dan los indicadores de alfabetización de los países y cómo podrían influir los indicadores guineanos en la percepción de los problemas del país.
Hace poco, la empresa Mobil celebró en Malabo la extracción del barril número 250 mil. Como no es un asunto que nos tocó de cerca, no nos informamos tanto, por lo que es posible que en vez de 250.000 sea 250 millones. Pero da igual, aunque nos inclinemos más por la última cifra. Si Guinea fuese un país con otra sensibilidad, esta celebración hubiera sido un escándalo, pues su desastroso estado no permite frivolidades de este tipo. La gente hubiera entendido la provocación y hubiera exigido responsabilidades por la afrenta. Pero aquí no ha pasado. El acto fue divulgado por los medios de comunicación nacionales, pues a ella asistieron autoridades guineanas. Para inmortalizar el acto, fueron repartidos paraguas y camisetas con la inscripción del hecho. Los agraciados pueden leer para siempre que en tal día Mobil empobreció más al país llevándose el barril número tal.
Hay más de una decena de empresas relacionadas con el sector petrolífero. Hay otras que invierten en otros sectores, para aprovechar la efervescencia económica. Y aunque estas empresas son extranjeras, imprimirán un cambio al país. Todo el ruido que hagan hará que haya más ojos sobre Guinea, lo que se traducirá en más presión sobre las autoridades para que mejoren la vida del ciudadano. Y algo se hará. Habrá más carreteras. Un hospital más, quizá. Pero habrá más hoteles, más negocios de particulares, más restaurantes y algún edificio que se vea desde lejos. Pero detrás de todos estos edificios deslumbrantes, lejos de las luces de neón, se levantarán las míseras casas de los ciudadanos de este país, estas casas a las que acudirán tras saltar de las gradas de sus campos embarrados, recorrer las calles de aguas fecales, bañarse en los ríos. Desde ellos podrán recoger la llamada del teléfono portátil y se enterarán de que el niño ha sido ingresado otra vez en ese infecto hospital".

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Wilheim Reich

1. Tocamientos seles. Pa entamar

Lo que son les coses. Cuando taba poniéndome a la xera pa esti alcuentru d’Arribada2006 en Xixón, a onde me convidaran pa falar de lliteratura erótico, sosprendeme un artículu de Les Noticies onde me faen una proposición eróticopolitica mui interesante daveres. Un columnista llamáu Piquero suxer que n’Asturies dalgunos de los que vamos presentamos a les elecciones del 2007 lo faigamos siguiendo l’exemplu’l candidatu de Citadans de Catalunya y mos pongamos en porrica pa facer los cartelos propagandísticos. Paez ser que'l catalán de marres atápase los fundamentales coles manes ya’l columnista propuén que n’Asturies, más gallos como tol mundiu sabe, lo faigamos ensin elles, ensin les manes, como los bonos acróbates. Dempués de visual…

Enrique García Rendueles.'Los Nuevos Bablistas': Voluntá y fracasu asturianista

ENRIQUE GARCÍA RENDUELES. LOS NUEVOS BABLISTAS: VOLUNTÁ Y FRACASU ASTURIANISTA ye'l títulu de la ponencia lleída por Xuan Xosé SánchezVicente'l 17 de setiembre de 2007, na segunda edición de l'Arribada. Nel 1925 publícase Los nuevos bablistas, un florilexu de la nuestra poesía fechu por un presbíteru natural del barriu de Cimavilla de Xixón, Enrique García-Rendueles.
La obra ye´l tercer momentu de sistematización antolóxica de la nuestra lliteratura, que, hasta entós, ye, fundamentalmente, la nuestra poesía. Los anteriores fiensos fueren, el primeru, l´asoleyamientu nel 1839 de la esbilla cavediana, que recoyía lo más selecto de la escasa producción del XVII y XVIII —más los poemes del propiu antólogu, Caveda—, y, el segundu, nel 1887, la reedición por Canella de la obra del villaviciosín fíu de Caveda y Solares, na qu´enxertó una mozaína más de poemes, d´autores y feches posteriores a la de 1839.
L´antoloxía de don Enrique, que pretende ser una muestra de la producción más…